Anselmo y su cabaña se alzan con orgullo en la cima de la montaña con su vista dominante de los viñedos y del valle.
El sol se refleja en el rostro arrugado de Anselmo, su cálida sonrisa un disfraz de sus treinta años como espantapájaros humano. Junto con su caballo y sus dos perros recorre las vides protegiéndolas de las pestes y daños de animales.